Lecciones

A veces los niños nos sorprenden, ¡y para bien!

Esta carta de un alumno de 9 años a su profesor gay es un buen ejemplo de ello. Ellos tienen muchísimos menos prejuicios que nosotros “los adultos maduros” y tienen tanto que enseñarnos…

Aunque siempre se ha dicho que los niños son crueles, la verdad es que lo que en realidad es sinceros. Y, además, su empatía y comprensión sobrepasa en mucho a nuestra forma de relacionarnos con los demás.

Ese miedo que tienen los padres al qué dirán por las gafas de su hijo, por el parche en el ojo, por un aparato bucal… por tantas cosas. Esos miedos son nuestros, de los adultos, no de los niños. Nosotros se los “transferimos” a ellos. No están en su naturaleza, están en nuestra mentalidad.

Quizás deberíamos volver a sentirnos niños de nuevo y mirar a los demás con los ojos de los más pequeños: sin prejuicios, con sinceridad, confiando en que el ser humano es bueno por naturaleza y que es la sociedad la que nos hace viles, egoístas y desconfiados.

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